1 Timoteo
1 Timoteo

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 5

Cuidado con las viudas

En las relaciones con los demás creyentes, los vínculos familiares (“padre… hermanos… madre… hermanas…”) deben servirnos de modelo (v. 1-2). Nunca perdamos de vista que formamos una única y misma familia: la familia de Dios.

Cada uno es invitado a mostrar su piedad, pero primeramente para con su propia casa (v. 4). Los fariseos predicaban lo contrario. Mientras ostentaban devoción, anulaban el mandamiento de Dios alejando a los hijos de sus más legítimos deberes para con sus padres (Marcos 7:12-13).

En un solo versículo, el 10, se resume una vida entera al servicio del Señor. Que cada cristiana halle inspiración y fortaleza a fin de no desear otra cosa.

Los versículos 3 a 16, dedicados a las viudas, nos recuerdan que Dios cuida de ellas de una manera muy particular (Salmo 68:5). El evangelio de Lucas menciona a cuatro de ellas: Ana, cuya actividad en oraciones constantes ilustra el versículo 5 (Lucas 2:36-38); la viuda de Naín, a la que Jesús devolvió el hijo (Lucas 7:11-17); la que pedía justicia al juez injusto de la parábola del capítulo 18; y, finalmente, la viuda pobre que, ante los ojos del Señor –y para Su gozo– dio al tesoro del templo todo lo que tenía para su sustento (Lucas 21:1-4). Una completa fe en Él agrada a Dios por encima de todo (Hebreos 11:6).

Conducta en diferentes situaciones – Estar contento y agradecido

Pablo sigue exponiendo a Timoteo cómo debe conducirse “en la casa de Dios” (cap. 3:15). Asunto capital por el que Dios mismo se interesa –es Su casa– al igual que el Señor Jesucristo y los ángeles escogidos, llamados a considerar la sabiduría de Dios en la iglesia (cap. 5:21; Efesios 3:10). Esa “multiforme sabiduría” también debe manifestarse en los variados detalles de la vida de la iglesia: deberes de la grey para con sus ancianos, comportamiento del siervo de Dios para resolver los casos difíciles, instrucciones dadas a los esclavos… (cap. 6:1-2). Cuántos desórdenes se introducen tan pronto como uno no se sujeta más a las sanas palabras, que no son las de Pablo o Timoteo, sino las de nuestro Señor Jesucristo (v. 3; 1 Tesalonicenses 4:2, 8).

La piedad acompañada de contentamiento es en sí misma una ganancia, una gran ganancia al alcance de todos (cap. 4:8). Nuestra civilización está basada en la creación y satisfacción de nuevas necesidades. Pese a todo, el ávido corazón del hombre permanece insaciable (comp. v. 9-10 con Salmo 49:16-20). Agradezcamos al Señor que nos asegura lo necesario: “sustento y abrigo” y “estemos contentos con esto” (cap. 6:8). Siempre estaremos satisfechos con lo que él nos da, si él mismo, el Dador (quien es el Objeto de la piedad), llena plenamente nuestro corazón.