Amós
Amós

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 5

Escuchar, buscar, venir

“Id a Bet-el, y prevaricad” –invitaba irónicamente el capítulo 4:4– “aumentad en Gilgal la rebelión…”. Pero ahora Dios suplica: “No busquéis a Bet-el, ni entréis en Gilgal…”. “Buscadme, y viviréis… Buscad a Jehová, y vivid” (v. 4-6).

Para vivir, al hombre nada le vale tener una religión; necesita un Salvador.

Jesús es el camino, la verdad, la vida; nadie viene al Padre sino por él (Juan 14:6). Reconozcamos la grandeza de Aquel que hizo y sostiene los mundos (Hebreos 1:2-3). En una noche clara, cuando descubrimos las Pléyades y el Orión, estas constelaciones confunden nuestra inteligencia. En vano nos esforzamos por apreciar su fantástico alejamiento. Pero el Hijo de Dios cumplió una obra mucho más maravillosa aún. Él cambió en mañana la sombra amenazadora de la muerte eterna que ya nos envolvía, la que fue sorbida en victoria en su resurrección (v. 8; 1 Corintios 15:54). Por cierto, las tinieblas siempre reinan en este mundo. La opresión y la injusticia son cosas corrientes. Pero el cristiano no es agobiado por ellas: aun “en tiempo malo” sabe dónde hallar a su Salvador. Buscadle”, tal debería ser nuestra consigna cada vez que abrimos nuestra Biblia (Salmo 27:8).

¿Adónde conducen las prácticas religiosas sin fe?

El bien se identifica con Dios (Salmo 4:6). “Buscad lo bueno para que viváis” (v. 14) corresponde a: “Buscad a Jehová, y vivid” (v. 6). Sin embargo, para buscar el bien es necesario amarlo, lo mismo que se huirá del mal en la medida en que se tenga horror de él (v. 15; Romanos 12:9). Pero, dirá alguien, no siempre es fácil distinguir el bien del mal. Sin duda, y la moral humana poco nos ayudará, ya que solo puede comparar al hombre con el hombre.

El único guía seguro es la Palabra de nuestro Dios.

Como esas multitudes cristianas que repiten: “Venga tu reino” y convocan así el día de su juicio, algunos deseaban el día de Jehová… sin darse cuenta de que significaría su desdicha. Multiplicaban las formas religiosas: fiestas, ofrendas, solemnes asambleas, ¡imaginándose que así ocultaban a Dios su verdadero estado! “Quita de delante de mí… el estruendo de tus cánticos” (v. 23, V. M.) responde el Señor severamente… ¡Ay! cuántos cánticos y oraciones solo son para Dios un vano ruido. No olvidemos que él reclama la verdad en lo íntimo (Salmo 51:6).

Esteban citará los versículos 25 a 27 a los principales de los judíos para hacerles tomar conciencia de la antigüedad y gravedad de su pecado (Hechos 7:42-43).