Eclesiastés
Eclesiastés

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 7

Es mejor…

El predicador exploró el mundo. ¿Qué es lo que vio en todas partes? Vanidad, sufrimiento, desorden y locura. El sabio se hace entonces una pregunta: ¿Cómo debe comportarse en medio de ese estado de cosas que él no puede cambiar? Bajo la forma de sentencias que recuerdan al libro de los Proverbios, el Eclesiastés nos da ahora consejos de sabiduría y de prudencia.

No evitemos la casa del luto (v. 2-4). Nos recordará nuestra fragilidad y nos dará más seriedad. Ver la tristeza de los demás volverá nuestro corazón más sensible y nos dictará quizá palabras de simpatía apropiadas para dirigir el pensamiento de los afligidos hacia el Señor. Siguen otras recomendaciones: “No te apresures en tu espíritu a enojarte”. La ira, a menudo, es hija de la precipitación y compañera de la necedad (v. 9).

“Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos?” (v. 10; Jueces 6:13). Escribió un creyente: «No creamos que es más difícil seguir hoy en día al Señor de lo que lo fue en el tiempo de nuestros padres o abuelos… Los recursos que ellos hallaron en su Palabra y en su comunión están a nuestra disposición para conducirnos en un mundo que, moralmente, no ha cambiado».

A dónde conduce el pecado

¿Qué significa la recomendación del versículo 16? ¿Corremos el riesgo de ser demasiado cuidadosos en nuestro andar? ¡Por cierto que no! Nunca tendremos una conciencia demasiado delicada. Pero existe un peligro en el cual caen a menudo los recién convertidos. Son excesivos en sus actitudes o palabras; rebasan la medida de su fe. Al mismo tiempo, juzgan y critican fácilmente a otros creyentes, simplemente porque aún no se conocen bien a sí mismos (Romanos 12:3).

El versículo 21 nos presenta el otro lado, el de las críticas de que nosotros mismos somos objeto. Si tenemos la aprobación del Señor, no debemos preocuparnos por ellas.

Aquel que a Dios teme, saldrá bien en todo (v. 18);

es enseñado para hacer frente a las más peligrosas situaciones. Entre esas trampas, el versículo 26 cita “la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras”. El que agrada a Dios (es decir, el que le teme y le obedece) puede contar con que será guardado y escapará, “mas el pecador quedará en ella preso”. Dos historias opuestas ilustran esa advertencia: la de José (Génesis 39:7 y sig.) y la trágica de Sansón enlazado por Dalila (Jueces 16:4 y sig.). Jóvenes creyentes, meditemos bien acerca de esos dos ejemplos.