Mateo

Versión Moderna 2025

9

1aY entrando Jesús en una barca pasó al otro lado, y vino a bsu propia ciudad.2Y, he aquí, le trajeron un paralítico, echado en cama; y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.3Y he aquí que ciertos de los escribas decían dentro de sí: Éste blasfema.4Mas Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?5Pues ¿qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados; o decir: Levántate y anda?6Mas para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados (dijo entonces al paralítico): ¡Levántate, toma tu cama y véte a tu casa!7Y él, levantándose, se fue a su casa.8Y viéndolo las gentes, quedaron asombradas, y glorificaron a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.9cY pasando Jesús de allí, vió a un hombre, llamado Mateo, sentado al banco de los tributos; y le dice: ¡Sígueme! Y levantándose, le siguió.

10Y sucedió que estando él sentado a comer en casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores vinieron y se sentaron a comer, juntamente con Jesús y sus discípulos.11Y viendo esto los fariseos, dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con publicanos y pecadores?12Mas cuando lo oyó Jesús, dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.13Id, pues, y aprended qué significa esto: «dDeseo la misericordia, y no el sacrificio»; porque no vine a llamar a justos, sino a pecadores.14eEntonces vienen a él los discípulos de Juan Bautista, diciendo: ¿Por fqué ayunamos nosotros y los fariseos muchas veces, mas tus discípulos no ayunan?

15Y Jesús les dijo: ¿Cómo pueden los compañeros del novio tener luto mientras el esposo está con ellos? Pero vendrán días en que el esposo será quitado de ellos; y entonces ayunarán.16Nadie echa remiendo de paño recio sobre vestido viejo; porque el mismo remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.17Ni echan vino nuevo en odres viejos, de otra manera se revientan los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; sino que echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro a una se conservan.18gMientras él les hablaba estas cosas, he aquí que viniendo cierto hombre principal hprosternóse delante de él, diciendo: i¡Mi hija acaba ahora de morir; mas ven, y pon tu mano sobre ella, y vivirá!

19Y levantándose Jesús le siguió, juntamente con sus discípulos.20Y he aquí una mujer que hacía doce años que padecía flujo de sangre, llegándose por detrás de él, tocó el borde de su vestido;21porque decía dentro de sí: Si yo pudiere tocar siquiera su vestido, seré sana.22Pero volviéndose Jesús, y viéndola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha jsanado. Y la mujer quedó sana desde aquella hora.23Llegando entonces Jesús a casa de aquel hombre principal, y viendo los tañedores de flautas, y el gentío que hacía alboroto,24dijo: Dad paso; pues no murió la doncella, sino que duerme. Mas ellos se reían de él.25Pero cuando el gentío fué echado fuera, él entró, y tomóla de la mano: y la doncella se levantó.26Y salió la fama de ello por toda aquella tierra.27Y pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten piedad de nosotros, oh Hijo de David!

28Y habiendo entrado en la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dice: ¿Creéis que puedo hacer esto? Le dicen: Sí, Señor.29Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe, os sea hecho. Y sus ojos fueron abiertos.30Mas Jesús les mandó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.31Pero ellos saliendo, divulgaron su fama por toda aquella tierra.32Y al salir ellos, he aquí que le trajeron un hombre mudo, endemoniado.

33Y echado fuera el demonio, el mudo hablaba: y las gentes quedaron asombradas, diciendo: ¡Nunca se vió semejante cosa en Israel!34Pero los fariseos decían: En unión con el príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.35Y rodeaba Jesús por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda suerte de enfermedad y toda dolencia.

36Pero viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban kacosadas de necesidad, y andaban dispersas, lcomo ovejas que no tienen pastor.37Entonces dice a sus discípulos: Verdaderamente la mies es mucha, mas los obreros son pocos:38rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
  • aMr. 2:1-12; Lc. 5:17-26.
  • bCp. 4:13.
  • cMr. 2:13-22; Lc. 5:27-39.
  • dCp. 12:6; Os. 6:6; Mi. 6:6-8.
  • eMr. 2:18-22; Lc. 5:33-35.
  • fLc. 18:12.
  • gMr. 5:22-43; Lc. 8:41-56.
  • hGr. le hizo homenaje.
  • iGr. ahora murió. Mr. 5:23, 35.
  • jGr. salvado.
  • k=fatigados.
  • lNm. 27:17; 1 R. 22:17; Ez. 34:5; Zac. 10:2.