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The Mackintosh Treasury
Sexta carta - La predicación del Evangelio
Querido amigo A.:
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Su amor
Cuanto más atentamente meditamos la historia de los cristianos profesantes
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Su caída
Ahora seguiremos a nuestro querido apóstol en la escena más oscura y humillante de toda su historia; una escena que difícilmente podríamos entender o explicar si no conociéramos algo de las infinitas profundidades de la gracia divina, por un lado, y de los terribles abismos en los que aun un santo de Dios o un apóstol de Cristo son capaces de hundirse si no son guardados por el poder divino, po
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Su confesión
Al final del capítulo 6 de Juan tenemos una clara y hermosa confesión de Cristo de los labios de nuestro apóstol; una confesión que las circunstancias hicieron más conmovedora y poderosa.
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Su convicción
La referencia que tenemos de nuestro apóstol en Juan 1, es sin duda muy breve, pero encierra mucho significado. “Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro [o piedra])” (Juan 1:41-42).
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Su fe
El final del capítulo 14 de Mateo presenta una escena de la vida de nuestro apóstol en la cual nos detendremos con provecho unos momentos. Ofrece una exquisita ilustración de su conmovedora pregunta: “Señor, ¿a quién iremos?”.
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Su llamamiento
Las palabras que leímos “dejándolo todo, le siguieron”, expresan una completa separación de las cosas temporales y naturales, así como una sincera consagración a Cristo y sus intereses.
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Su reprensión
Detengámonos aún un poco en la escena tan interesante e instructiva del capítulo 16 de Mateo. Nos presenta dos grandes temas: «La Iglesia» y «el reino de los cielos». Nunca debemos confundir estas dos cosas. La Iglesia solo se encuentra en el Nuevo Testamento.
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Su restauración
Ahora consideraremos el tan interesante tema de la restauración de Simón Pedro, en el cual hallaremos algunos puntos de suma importancia práctica. De su caída aprendemos la debilidad e insensatez del hombre; de su restauración aprendemos la gracia, sabiduría y fidelidad de nuestro Señor Jesucristo.
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Ten cuidado de la doctrina
Detengámonos ahora un momento en el segundo punto de nuestro tema; me refiero a la doctrina o enseñanza; esta última palabra expresa el verdadero sentido del original. ¡Cuántas cosas se encuentran encerradas allí! “Ten cuidado de la enseñanza”. ¡Qué solemne advertencia! ¡Cuánto cuidado y qué santa vigilancia se requieren!
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Ten cuidado de ti mismo
Consideremos en primer lugar este solemne mandato: “Ten cuidado de ti mismo”. Sería difícil expresar todo el alcance moral de estas palabras. Es importante que todo creyente las observe, pero principalmente un obrero del Señor, pues a este se dirigen en particular. Él, más que nadie, necesita cuidarse a sí mismo.
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Tercera carta - La Palabra de Dios
Querido amigo A.:
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Un hombre en Cristo
A todos aquellos cuyos ojos fueron abiertos para ver su verdadera condición natural, que fueron convencidos de pecado por el poder del Espíritu Santo, y que no conocen el verdadero significado de un corazón quebrantado y de un espíritu contrito, les resultará profundamente interesante conocer el divino secreto del reposo y la paz.
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Unanimidad
¿Qué, pues, dice la Escritura en cuanto a las condiciones morales necesarias de la oración en común, dado que este es el tema que nos ocupa aquí? Abramos la Biblia en Mateo 18:19: “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos”.
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