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Pláticas sencillas
La curación del siervo de un centurión
Después de estas enseñanzas, Jesús entró en Capernaum donde vivía un centurión cuyo siervo estaba enfermo. Al oír hablar de Jesús, el centurión mandó a unos ancianos de los judíos para que le rogaran que viniera a sanar a su siervo al cual amaba mucho. Los mensajeros dijeron a Jesús: “Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga” (v. 4).
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La dedicatoria a Teófilo
Lucas se interesó por Teófilo (cuyo nombre quiere decir, amigo de Dios), y quería que conociera bien la verdad de las cosas en las cuales había sido enseñado. Lucas siguió con exactitud toda la historia de Jesús desde el principio, y la escribió por orden.
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La elección de un lugar
Mientras comían, Jesús observó cómo los convidados escogían los primeros lugares. Entonces se dirigió a ellos diciendo: “Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a este; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar” (v.
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La generación perversa demanda una señal
Al ver a las multitudes amontonarse alrededor de él, Jesús contestó a los que le pedían una señal en el versículo 16: “Esta generación es mala; demanda señal, pero señal no le será dada, sino la señal de Jonás” (v. 29). Mateo 12:40 presenta a Jonás como señal de la muerte de Jesús.
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La higuera inútil
El Señor presenta el estado del pueblo judío por medio de la parábola de la higuera que un hombre había plantado en su viña y que no daba fruto. En las Escrituras, se toma frecuentemente a la higuera como figura de Israel (ver Joel 1:7; Mateo 21:18-22; Marcos 11:13). También es representado por una vid (Salmo 80:8-11; Isaías 5:1-7; Joel 1:7), y por un olivo (Jeremías 11:16; Romanos 11:24).
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La incredulidad de Zacarías
Después de haber pasado mucho tiempo suplicando al Señor que le diera un hijo, Zacarías no podía creer el mensaje que el ángel le dio. Preguntó como podrían tener un hijo si él y su mujer ya eran ancianos. Olvidaba que aquel a quien había orado era Dios, y que Él cumple lo que quiere, sin importar los medios que desea emplear.
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La invitación a la gran cena
Uno de los invitados, después de oír lo que Jesús enseñaba, le dijo: “Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios” (v. 15). En efecto, será dichoso; pero Jesús respondió mostrando cómo los hombres, y en primer lugar los judíos, respondieron a la invitación divina. Comparó a Dios con un hombre que hizo una gran cena y convidó a mucha gente.
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La lámpara del cuerpo
Después de haber dicho que en medio de los judíos había uno más grande que Jonás y que Salomón, Jesús añadió: “Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz” (v. 33). Esta lámpara era el Señor que había venido al mundo; él era “la luz del mundo” (Juan 8:12).
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La levadura de los fariseos
A pesar de la oposición de los jefes del pueblo, las multitudes se reunían por miles en torno a Jesús, a tal punto que los asistentes se atropellaban unos a otros. Sin embargo, es a sus discípulos a quienes Jesús se dirige. Les da las instrucciones necesarias para el cumplimiento de su servicio después de su partida.
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La madre y los hermanos de Jesús
La madre y los hermanos de Jesús según la carne, son figura del pueblo judío con el cual el Señor ya no podía tener relación. En los versículos anteriores, Jesús mostró cómo trabajaba para obtener un pueblo que llevara fruto. Ahora reconoce como su familia solo a aquellos que escuchan su palabra y la ponen en práctica.
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La moneda perdida
La parábola de la mujer que buscaba una moneda que se le había perdido, presenta una vez más el amor de Dios para con el pecador perdido. Aquí otra vez, toda la actividad proviene del que busca, pues es imposible que una moneda vuelva sola de su extravío.
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La muerte de Jesús
A diferencia de Mateo y de Marcos, Lucas destaca más los sufrimientos del Señor en Getsemaní que los que sufrió en el Gólgota. Describe los terrores que la cercanía de la muerte producía sobre el Hombre perfecto, su dependencia en el sufrimiento, su sumisión a la voluntad del Padre para recibir de su mano la copa de dolores.
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La negación de Pedro
Quienes prendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía de lejos, queriendo mantener la promesa que había hecho en el versículo 33. ¡Pobre Pedro! Hubiera sido mejor esconderse y ponerse a orar, como Jesús le había dicho. En el patio ardía un fuego, pues hacía frío (Juan 18:18), y Pedro se encontró entre aquellos que se calentaban.
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La niñez de Jesús
Dios no ha considerado oportuno relatarnos la historia de la vida de Jesús desde su nacimiento hasta el comienzo de su ministerio.
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La ofrenda de la viuda
Entre quienes echaban sus ofrendas en el templo, Jesús vio junto a los hombres ricos a una pobre viuda que echaba dos blancas. Esta era la moneda más pequeña que existía en ese tiempo. Comparada con las ofrendas de los ricos, era muy poca cosa. Pero el Señor juzga nuestras ofrendas por su valor moral, no material. Jesús dijo: “En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos.
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La oveja perdida
Los religiosos y los jefes de los judíos habían despreciado la gracia, por lo tanto, ella busca a los pecadores. Este capítulo comienza con este tema: “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come” (v. 1-2).
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La parábola de los labradores de la viña
En esta parábola, Jesús presentó la manera en que Dios obró con su pueblo desde su origen, y los resultados que había obtenido. Aquí se destaca la culpabilidad de los labradores de la viña, los responsables del pueblo.
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La parábola del sembrador
En este evangelio, la parábola del sembrador es relatada en los mismos términos que en el de Marcos, pero no está seguida por las parábolas del reino como en Mateo.
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La Pascua
El momento de preparar la pascua había llegado. Como Jesús no tenía una casa en la ciudad para celebrar esta ceremonia, en su divina sabiduría indicó a los suyos el lugar donde debían ir. A la entrada de Jerusalén encontrarían a un hombre que llevaba un cántaro de agua.
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La predicación de Juan el Bautista
Cerca de treinta años habían transcurrido desde el nacimiento de Juan el Bautista. Tiberio había sucedido a Augusto como emperador.
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La pregunta acerca del tributo
Los sacerdotes y los escribas, implacables en su odio contra Jesús, querían a toda costa encontrarlo en alguna falta. Entonces enviaron espías para sorprenderlo en sus palabras y entregarlo a los magistrados romanos.
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La pregunta sobre la resurrección
Cuando el Señor hubo silenciado a los sacerdotes y los escribas, les llegó el turno a los saduceos, razonadores incrédulos de aquel entonces, que negaban la resurrección. Ellos hicieron a Jesús una pregunta, aparentemente sutil como había sido la del tributo; pero con ella pusieron en evidencia su ignorancia e incredulidad.
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La pregunta tocante al Hijo de David
Jesús hizo una pregunta a quienes lo rodeaban, pero ninguno parecía tener una respuesta. Les dijo: “¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?” (v. 41-44; cita del Salmo 110:1).
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La profecía de Zacarías
Cuando Zacarías pudo hablar, lleno del Espíritu Santo exclamó: “Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; para hacer misericordia con nuestros pad
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