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Pláticas sencillas
Mateo: Capítulo 12
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Pláticas sencillas
El buen tesoro y el mal tesoro
Las palabras de esos hombres manifestaban lo que ellos mismos eran: malos, con un corazón del cual no podían salir buenas cosas; porque de la abundancia del corazón habla la boca y el árbol es conocido por su fruto. Como por la boca se manifiesta el estado del corazón, será necesario dar cuenta a Dios, en el día del juicio, de todas las palabras ociosas que se hayan dicho.
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El siervo perfecto
La curación de este hombre, y más aún las palabras de verdad que acababan de oír, exasperaron a los fariseos hasta tal punto que se pusieron de acuerdo para matar a Jesús. Pero, sabiéndolo él, se apartó de allí seguido por mucha gente, y sanaba a todos los enfermos.
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La blasfemia contra el Espíritu Santo
Un hombre endemoniado, ciego y mudo fue traído al Señor, y él lo sanó. Al ver un milagro tan maravilloso, las multitudes decían con admiración: “¿Será este aquel Hijo de David?”. Al oírlo, los fariseos, que temían los efectos de la potestad de Dios, y sin poder negar el milagro, lo atribuyeron al príncipe de los demonios.
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La condición de Israel incrédulo
Jesús hace un retrato del terrible estado de esta generación en los últimos días, como consecuencia de su incredulidad. “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada.
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La curación de un hombre que tenía la mano seca
El hecho siguiente demuestra que el sistema legal, bajo el cual los judíos querían permanecer, no convenía al estado miserable en que el hombre había caído.
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La madre y los hermanos del Señor
Cierto día, mientras Jesús hablaba a las multitudes, vinieron a decirle que su madre y sus hermanos querían hablarle. Pero él respondió: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre”.
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La señal de Jonás
Hay pocas porciones del evangelio que muestren, como lo hace este capítulo, la maldad y la ceguera de los hombres religiosos que rodeaban al Señor. Después de ver las curaciones maravillosas que Jesús acababa de hacer y de oír a las multitudes impresionadas por las señales evidentes de la presencia del Mesías en medio de ellas decir: “¿Será este aquel Hijo de David?” (v.
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Señor del día de reposo
En el capítulo 11 Jesús da pleno testimonio del rechazamiento del que es objeto, y lo siente dolorosamente en su corazón. Aquí, este rechazamiento se acentúa y, además, las consecuencias para el pueblo judío son manifiestas: el repudio del pueblo y su juicio.
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