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Pláticas sencillas

Hechos: Capitulo 16

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Pláticas sencillas

A orillas del río

“Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido” (v. 13). En las localidades donde no había sinagogas, los judíos, según nos lo dice la historia, se reunían junto a una corriente de agua para cumplir sus ritos religiosos y hacer sus abluciones.

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El llamamiento de Timoteo

Llegado a Derbe y a Listra, donde una iglesia se había formado durante su primer viaje, Pablo encontró a Timoteo cuya madre era judía y su padre griego, alianza que la ley de Moisés no permitía. Pero la gracia traía la salvación a ambos ya que, por la ley, nadie podía salvarse. Los hermanos de Listra e Iconio daban buen testimonio de Timoteo.

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La obra de Dios

“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían” (v. 25). ¡Qué predicación para los prisioneros que oían cantar a esos hombres doloridos por los golpes, pero cuyos corazones rebosaban de gozo y paz! Ellos manifestaban un poder y una felicidad que solo podían venir de Dios y que, sin duda, no poseía ninguno de aquellos que los escuchaban.

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La obra del enemigo

No se ataca al enemigo en su terreno sin que él se defienda. Asesino y mentiroso, quiere guardar a sus víctimas hasta la consumación de su perdición; por eso hace lo posible para impedir que los siervos del Señor cumplan su obra. Así se ve en el siguiente relato.

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Pablo se traslada a Macedonia

Podemos concluir de los versículos 4 y 5, que había iglesias en todas las ciudades que Pablo visitaba: “Y al pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen (con respecto a estas ordenanzas, véase el capítulo precedente).

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Pablo y Silas en libertad

Las autoridades probablemente reconocieron que las faltas imputadas a Pablo y Silas no merecían el cruel castigo que se les infligió, porque al día siguiente mandaron decir al carcelero que los soltara (v. 35); por eso este se apresuró a decirles: “Los magistrados han mandado a decir que se os suelte; así que ahora salid, y marchaos en paz” (v. 36).

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