Introducción
Dios no es nombrado en este libro
El libro de Ester es una de aquellas pocas porciones dispersas en la Palabra de Dios que son notables por la ausencia del nombre de Dios. Esta ha sorprendido con frecuencia a muchos: los judíos mismos no fueron capaces de entenderlo y buen número de cristianos no están mucho mejor; tanto que para algunos ha sido costumbre, especialmente en estos últimos tiempos, tratar al libro con cierta medida de desconfianza, como si la ausencia del nombre del Señor fuera una justificada sospecha de que no puede ser de Dios porque el nombre de Dios no está allí.
Ahora espero demostrar que el hecho de que el nombre de Dios no esté allí es parte de la excelencia el libro, porque hay ocasiones en las que Dios vela su gloria. No hay ocasión en la cual el no obre, pero no siempre permite que su nombre sea oído o que sus caminos sean advertidos.
Mostraré que esta es precisamente lo que el carácter del libro requiere: que el nombre de Dios no esté allí; y esta, por lo tanto, en lugar de debilitar el derecho de Ester a ocupar su lugar en el santo volumen, más bien mostrará la perfección de los caminos de Dios, aun merced a un hecho tan excepcional como la ausencia de su nombre en todo un libro.
Debemos entender que es lo que Dios tiene en vista. Y la respuesta es esta: él está aquí ablando de su antiguo pueblo bajo circunstancias en las cuales no podía pronunciar su nombre en conexión con ellos, por cuanto la posición de este pueblo era absolutamente irregular. Hablando con propiedad, en el libro de Ester ellos no tienen en absoluto ninguna posición. No podríamos decir exactamente lo mismo con respecto a aquellos judíos que subieron desde Babilonia conforme con el permiso que Ciro, el persa, les dio para que se cumplieran las profecías. Es cierto que, aun en lo que toca al remanente, Dios no le llama "pueblo mío". Al permitir a Nabucodonosor que arrasara las tierras de la casa de David y de las tribus que todavía continuaban siendo fieles a su compromiso, Dios les quitó su título por un corto tiempo, y ese título aún no les ha sido restituido. No obstante, está a buen resguardo. Dios tiene el propósito de restablecerlos en la tierra de su heredad; pero el título de propiedad, por el momento, ha desaparecido. Esto no significa que se haya perdido, sino que está reservado. Dios lo guarda secretamente para elles.
Reintegración futura del pueblo
Cuando llegue el día en que Israel sea reintegrado, Dios los traerá gradualmente al lugar que les corresponde, en la relación apropiada, y entonces vendrán los días del cielo en la tierra.
Pero estaba lejos todavía de ser así, ni siquiera con el remanente que subió desde Jerusalén. Ahí, como sabemos, el libro de Esdras los muestra girando en torno al altar de Dios y construyendo Su casa; el libro de Nehemías los presenta realzando su distinción. Si bien ellos habían perdido su título, no habían perdido a su Dios. Si Dios no los había de llamar su pueblo, ellos, al menos, le llamarían a él su Dios. La fe recibía lo que Dios era para ellos cuando él no podía llamarlos suyos. Por consiguiente, ellos construyeron los muros de Jerusalén para que su pueblo pudiera tener, aun en debilidad, el sentido de su separación hacia él. Esta caracterizó toda su vida. No solamente su vida religiosa, sino su vida entera. Esdras consideraba la vida religiosa del remanente; Nehemías consideraba toda la vida del mismo consagrada a Jehová. Pero el libro de Ester presenta un aspecto completamente diferente. ¿Qué fue de los judíos que no subieron a Jerusalén? ¿Qué fue de aquellos
que permanecieron sordos al permiso o no valoraron la libertad de subir a la tierra en la cual los ojos de Dios se posaron y en la que todavía él se propone exaltar su nombre -el de su Hijo, el Mesías- así como al pueblo de su elección, ¿entonces en verdad para ser manifiestamente reconocidos par él?
El libro de Ester es la respuesta a tal pregunta, y nos muestra que, cuando Dios no podía reconocerlos de ninguna manera, cuando ellos tampoco le reconocían públicamente, cuando no había ninguna señal de parte de Dios ni de parte del pueblo, cuando el nombre de Dios -por consiguiente- permanece enteramente en secreto -pues no se lo menciona ni una sola vez-, aun cuando ocurre todo esta se ve la mano y la obra secreta de Dios en favor de su pueblo, pesé a la irregular condición en que ellos se hallaban. Esta es la naturaleza del libro y la solución, creo yo, de la dificultad referente al hecho de que el nombre de Dios no sea mencionado ni una sola vez en él. Veremos abundante confirmación de lo que acabo de afirmar cuando examinemos el libro. Apenas di hasta aquí una pequeña aproximación de su carácter a fin de que podamos prestar preferente atención a los varios incidentes a medida que ellos se desarrollen ante nosotros.
