2 Timoteo
2 Timoteo

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 2

Soldado, atleta y labrador

“Esfuérzate en la gracia”, recomienda el apóstol a su querido discípulo. Él mismo había aprendido este secreto de boca del Señor: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). Tres ejemplos: el del soldado, el del atleta y el del labrador ilustran el renunciamiento, la obediencia y la paciencia del cristiano. ¿Qué caracteriza a un buen soldado? No se sobrecarga con inútil bagaje; es disciplinado a fin de agradar a sus superiores; sabe que el oficio de soldado implica inevitablemente sufrimientos, peligros, golpes y que estos preceden a las menciones honoríficas y condecoraciones. Esto es cierto y toda la Escritura lo confirma: nuestro comportamiento actual tendrá su contrapartida eternal. Hoy, los sufrimientos y la muerte con Cristo; mañana, la vida con él, el reinado y la gloria eterna. Creyentes: Cristo nos ha reclutado bajo su bandera. Por desdicha, en un ejército se pueden hallar desertores que reniegan de su bandera y de su capitán (v. 12). Existen mil maneras, aun silenciosas, de traicionar a nuestro Jefe. Que el deseo de obtener su aprobación, secreta hoy, pública mañana, haga de nosotros buenos soldados, aptos para pelear “la buena batalla” (cap. 4:7-8; 1 Timoteo 6:12).

 

Estad por Cristo firmes, soldados de la cruz,

Alzad hoy la bandera en nombre de Jesús;

A aquel que al fin venciere corona se dará,

Y con el Rey de gloria por siempre reinará.

 

Una casa grande

Cuando todo va bien, cuando la obra es próspera, el obrero no tiene motivos para avergonzarse ante los hombres (cap. 1:8, 12, 16 al final). En cambio, cuando el testimonio está en ruina, fácilmente sentimos vergüenza. Pero, ¡qué importa el menosprecio del mundo, si somos aprobados por Dios! (v. 15). Este capítulo traza una línea de conducta que nos permite estar seguros de esa aprobación en toda circunstancia: allí donde la incredulidad y la corrupción dominan, el cristiano fiel se aparta. En relación con los individuos, él se limpia; respecto a las codicias, las rehuye; en cuanto al bien, lo sigue; a los creyentes, los busca, se une a ellos y juntos rinden culto a Dios. En la práctica, los versículos 19 a 22 han llevado a apreciados hijos de Dios a apartarse de diversos sistemas religiosos de la cristiandad y a reunirse alrededor del Señor para alabarle.

Ya hemos oído un “huye” y un “sigue” en la primera epístola (cap. 6:11). Quiera el Señor grabar en el corazón de todos los creyentes este versículo 22: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz”. Sin embargo no olvidemos que, así como debemos ser firmes en cuanto a la verdad y a los principios, los que no sufren ningún término medio, también debemos soportar a las personas y manifestarles “mansedumbre” (v. 24-25; Efesios 4:2).