Zacarías
Zacarías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 1

Ocho visiones y dos oráculos

Zacarías, junto con Hageo, son los portavoces ante los hijos de Judá que subieron del cautiverio (Esdras 5:1). ¿Cuáles son las primeras palabras que Jehová dirige a este pueblo por medio de su siervo? Volveos a mí”. Primero es necesario arrepentirse (Mateo 3:2; 4:17; Hechos 2:38). La promesa solo viene luego… “y yo me volveré a vosotros” (v. 3).

Los padres murieron, y con ellos los profetas que, como Jeremías, los habían advertido fielmente. Pero las palabras divinas no pasaron; se cumplen infaliblemente (Mateo 24:35). Los malos caminos y las malas obras de Judá habían recibido su castigo, a saber, el cautiverio en Babilonia (v. 12 final). ¡Ojalá las siguientes generaciones saquen provecho de esa cruel lección!

Desde el versículo 7 hasta el capítulo 6 el profeta relata una sucesión de extrañas visiones. Como tema general tienen al gobierno de Dios efectuado por medio de las naciones (el jinete y los caballos) y, como telón de fondo, el restablecimiento de Israel (los mirtos, alusión a la fiesta de los tabernáculos y figura de la restauración que sigue al arrepentimiento).

Porque Dios siempre tiene, para los suyos que pasan por prueba y debilidad, v. 13: ... buenas palabras, palabras consoladoras.

Son tan ciertas e inmutables como el anuncio de sus juicios.

La niña del ojo de Dios

Esas visiones que, sin duda, nos parecen muy oscuras, no lo eran menos para el joven Zacarías. Pero, ¿qué hace este cada vez que se enuncia un nuevo enigma? No teme interrogar a su celeste compañero. Sigamos su ejemplo. Nuestro interés por la Palabra siempre será agradable al Señor. Para comprender las maravillas de ella, pidámosle al Señor que abra nuestra inteligencia (Salmo 119:18; Lucas 24:45; 2 Timoteo 2:7).

Los cuernos de la segunda visión corresponden a los caballos de la primera, es decir, a los grandes imperios de las naciones, vistos aquí bajo su carácter de potencia (comp. Daniel 8). Obreros suscitados por Dios (tales como Ciro) pondrán fin a su poder.

La tercera visión tiene por tema la restauración de Jerusalén. Ahora desolada, con sus muros en ruina, sus puertas calcinadas (Nehemías 2:13), la ciudad será de nuevo habitada. El Señor será alrededor de ella un muro de fuego, y sus pobres dispersados se hallarán juntos en ella y bien abrigados.

El amor de Dios por ellos es tan grande que el que los toca, toca “a la niña de su ojo”
(véase Deuteronomio 32:10).

Por encima de todo, tienen la promesa de la gloriosa presencia de Jehová en medio de ellos (v. 5, 10-11). Los mismos privilegios pertenecen hoy a los hijos de Dios.