Capítulo 2
Un mensaje para retomar el trabajo, tres más para perseverar
La primera revelación de Hageo había traído la reprensión. La segunda, hecha menos de un mes después que los jefes y el pueblo obedecieron, viene a hacerles exhortaciones y a darles aliento: “Cobrad ánimo… y trabajad” –recomienda Jehová– pues se trata de mi gloria. Vuestro trabajo tiene a la vista una persona: “el Deseado de todas las naciones”, Cristo, quien va a aparecer glorioso (v. 7).
Pero, ¿dónde hallar esa fuerza? “Yo estoy con vosotros” es la preciosa respuesta, yo, el Dios todopoderoso, Jehová de los ejércitos. Y lo que os doy os bastará:
v. 5, V. M.: Las palabras… mi Espíritu permanece en medio de vosotros; ¡no temáis!
¡Benditos recursos! también valen para nosotros, quienes vivimos como Hageo en un tiempo de ruina. En su tercer mensaje el profeta recuerda la santidad, sin la cual Dios no puede reconocer ningún trabajo. La doble pregunta formulada a los sacerdotes confirma este principio general: nuestros contactos con un mundo contaminado no purificarán a este último. Muy al contrario, a la larga seremos inevitablemente contaminados por un mal ambiente (1 Corintios 15:33).
“Yo estoy con vosotros todos los días” prometió el Señor Jesús (Mateo 28:20). Pero, por nuestra parte, permanezcamos siempre junto a él.
Aliento por la perspectiva del futuro
El pueblo hizo la molesta experiencia de que no hay ningún provecho en el tiempo sustraído a Dios. Ahora le va a ser posible hacer la contraprueba. “Mas desde este día os bendeciré” promete Jehová. Trátese de un comerciante creyente que cierra su tienda el domingo con posible detrimento para sus negocios, o del industrial que declara al fisco hasta el más pequeño monto de su beneficio, el hijo de Dios siempre podrá comprobar estas palabras del Señor Jesús:
“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas (necesarias para la vida presente) os serán añadidas”
(Mateo 6:33).
El último mensaje de Hageo contiene conmovedoras palabras de gracia dirigidas personalmente a Zorobabel. Este nombre significa nacido en Babilonia (y Sesbasar, su nombre caldeo, significa según parece: alegre en la tribulación; Esdras 1:8). Jehová lo llama por su nombre como para decirle: Pobre librado del exilio, tengo promesas para ti. El mundo entero será violentamente sacudido, pero no temas, te reservé “un reino inconmovible” (v. 6, 21-22, citados en Hebreos 12:26-28). Al mismo tiempo, podemos reconocer en ese heredero de David una figura de Cristo, el libertador escogido y establecido para reinar sobre Israel.
