Miqueas
Miqueas

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 7

La gracia ante la miseria del hombre

“¡Ay de mí!” exclama el profeta, quien reconoce a la vez su propia miseria y la del pueblo. Si generalizamos, podemos ver aquí la amarga experiencia que el hombre hace consigo mismo. Descubre que en sí no hay recurso ni fruto (v. 1), que tampoco puede apoyarse en las autoridades ni en los grandes de aquí abajo (“el mejor de ellos es como el espino”; v. 4; Salmo 118:9); finalmente, que también sus allegados le decepcionarán si confía en ellos. ¡Penosa pero necesaria experiencia! ¿La hemos hecho? ¿Estamos convencidos de que solo Cristo es digno de nuestra plena confianza? “Ninguno hay recto entre los hombres” (v. 2). Pero lo que no hallamos ni en nosotros ni en los demás, lo hallamos en él (v. 7).

El Señor Jesús cita el versículo 6 para describir las consecuencias de su venida (Mateo 10:34-36). Ella pone a cada uno a prueba y confirma que

el que no está con él, contra él está (Lucas 11:23). ¿

De qué lado estamos?

Este libro termina enunciando las certezas y las promesas de la gracia. “Él… echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados” (v. 19). ¡Qué felicidad saber que nuestros pecados están sumergidos para siempre! A la verdad, Señor, “¿qué Dios como tú?” (v. 18).