Hechos
Versión Moderna 2025
5
1Mas cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesión;2y asustrayendo parte de su valor, conociéndolo también su mujer, trajo cierta parte, y la puso a los pies de los apóstoles.3Pedro entonces le dijo: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrayeses parte del valor del campo?4Quedándose como estaba, ¿no se te quedaba para ti? y vendido, ¿no estaba en tu mismo poder? ¿Cómo es que has concebido esta cosa en tu corazón? ¡no has mentido a los hombres, sino a Dios!5Y oyendo Ananías estas palabras, cayó, y expiró: y vino gran temor sobre todos los que lo oyeron.6Y levantándose los jóvenes, le envolvieron, y sacándolo fuera, lo sepultaron.7Y como al cabo de tres horas, entró su mujer, sin saber lo que había acontecido.8Y Pedro le preguntó: Dime, si vendisteis el campo en tanto precio. Y ella respondió: Sí, en tanto.9Pedro entonces le dijo: ¿Cómo es que habéis convenido entre vosotros para tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que sepultaron a tu marido, y a ti también te sacarán.10Y luego al punto cayó ella a sus pies, y expiró: y entrando los jóvenes la hallaron muerta; y sacándola, la sepultaron al lado de su marido.11Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre cuantos oyeron estas cosas.12Y por las manos de los apóstoles fueron hechas muchas señales y maravillas entre el pueblo; y de común acuerdo se reunían todos en el Pórtico de Salomón;13y de los demás ninguno osaba juntarse con ellos; mas el pueblo los engrandecía;14y en mayor número fueron añadidos al Señor creyentes, multitudes de hombres y de mujeres:15de tal manera que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, su sombra siquiera cayese sobre alguno que otro de ellos.16Concurrió también bel populacho de las ciudades de alrededor de Jerusalén, trayendo los enfermos y los atormentados de espíritus inmundos; los cuales fueron sanados todos.17Entonces levantóse el sumo sacerdote, y todos los que estaban con él (que eran de la secta de los saduceos), y, cllenos dde celos,18echaron mano sobre los apóstoles, y los metieron en la cárcel pública.19Mas un ángel del Señor abrió de noche las puertas de la cárcel, y sacándolos fuera, dijo:20Andad, y puestos en pie en el Templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida.21Entonces eoyendo entraron en el Templo, al despuntar el alba, y enseñaban. Entretanto, viniendo el sumo sacerdote y los que estaban con él, convocaron al Sinedrio y a todo el senado de los hijos de Israel; y los enviaron a la prisión para hacerlos traer.22Mas los alguaciles que fueron, no los hallaron en la cárcel; y volviendo, se lo avisaron,23diciendo: La prisión a la verdad hallamos cerrada con toda seguridad, y los guardas, fde centinela ante las puertas; mas cuando abrimos, no hallamos dentro a nadie.24Cuando oyeron estas palabras el gcapitán del Templo y los jefes de los sacerdotes estaban muy perplejos con respecto a ellos, dudando en qué vendría a terminar aquello.25Mas viniendo alguno, les avisó diciendo: ¡He aquí los hombres que pusisteis en la cárcel, están en el Templo, puestos en pie, y enseñando al pueblo!26Entonces el comandante del Templo fué con los alguaciles, y los trajo, sin violencia (pues temían al pueblo), para que no les apedreasen a ellos.27Habiéndolos traído pues, los presentaron ante el Sinedrio; y les preguntó el sumo sacerdote,28diciendo: ¿No os mandamos estrechamente que no enseñaseis en este nombre? ¡Y he aquí que habéis henchido a Jerusalén de vuestra enseñanza, e intentáis traer sobre nosotros la sangre de este hombre!29Mas Pedro y los otros apóstoles les respondieron, diciendo: ¡Es necesario obedecer a Dios más bien que a los hombres!30El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero.31A éste, Dios le ensalzó con su diestra por hPríncipe y Salvador, a fin de dar arrepentimiento a Israel, y remisión de pecados.32Y nosotros somos testigos de estas cosas; y también el Espíritu Santo, el cual Dios dió a los que le obedecen.33Mas ellos al oír esto, ifueron cortados hasta el corazón, y jtomaban ya el acuerdo de matarlos;34cuando poniéndose en pie en medio del Sinedrio cierto fariseo, llamado kGamaliel, maestro de la ley, honrado de todo el pueblo, mandó que hiciesen salir fuera a aquellos hombres por un poco de tiempo.35Y les dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que váis a hacer a estos hombres.36Porque antes de estos días levantóse Teudas, diciendo que él era alguien; a quien se juntó un número de hombres, como cuatrocientos: el cual fué muerto; y todos cuantos le lobedecieron, fueron dispersados, y vinieron a nada.37Después de éste, levantóse Judas galileo, en los días del mempadronamiento, y llevó mucha gente tras sí. Él también pereció; y todos cuantos le obedecieron fueron dispersados.38Ahora pues os digo: Retiraos de estos hombres, y dejadlos; porque si es de los hombres este consejo o esta obra, nserá destruída;39mas si es de Dios, no la podréis destruir: dejadlos pues, no sea que os halléis peleando contra Dios.40Y convinieron con él: de modo que habiendo llamado a los apóstoles, y habiéndolos oazotado, les mandaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los soltaron.41Ellos pues salieron de la presencia del Sinedrio, gozosos de que habían sido tenidos por dignos de padecer afrenta a causa pdel Nombre.42Y todos los días en el Templo y por las casas, no cesaban de enseñar, y de proclamar el evangelio de qCristo Jesús.