1 Reyes
Versión Moderna 2025
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1Entonces Salomón contrajo afinidad con Faraón rey de Egipto; pues tomó por mujer a la hija de Faraón y la trajo a la ciudad de David, amientras acababa de edificar su propia casa, y la Casa de Jehová, y el muro de Jerusalén alrededor.2El pueblo empero continuaba sacrificando en los altos; porque no se había edificado Casa al nombre de Jehová hasta aquellos días.3Y Salomón bamaba a Jehová, andando en los estatutos de David su padre; solo que continuaba sacrificando y quemando incienso en los altos.4Y el rey fue a Gabaón para ofrecer sacrificios allí; porque era éste el alto más principal: mil holocaustos ofreció Salomón sobre aquel altar.5En Gabaón Jehová apareció a Salomón en sueños de la noche; y le dijo Dios: Pide lo que te he de dar.6A lo que respondió Salomón: Tú has hecho para con tu siervo David, mi padre, gran merced, así como él canduvo delante de tu rostro con fidelidad y en justicia, y en rectitud de corazón para contigo; y le has guardado esta gran merced de darle un hijo que se siente sobre su trono, como sucede hoy.7Ahora pues, oh Jehová, Dios mío, tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre; y dyo soy un niño pequeño, y no sé cómo me debo conducir.8Y con todo tu siervo está en medio de tu pueblo eque has escogido, pueblo grande, que no se puede numerar ni contar por la muchedumbre de él.9Da pues a tu siervo un corazón finteligente, gpara juzgar a tu pueblo, para poder hdistinguir entre el bien y el mal; porque ¿quién es capaz de juzgar este tu pueblo tan grande?10Y esta petición agradó al Señor, por haber pedido Salomón semejante cosa.11De manera, que le dijo Dios: Por cuanto has pedido esto, y ino pediste para ti mismo larga vida, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la muerte de tus enemigos; sino que has pedido para ti mismo inteligencia para entender juicio;12he aquí que jhago según tu palabra; he aquí que te doy un corazón tan sabio y entendido, que no haya habido otro como tú antes de ti, ni después de ti se levantará tu igual.13Y además, lo que no pediste kte lo doy, así riqueza como gloria, tales, que no haya entre los reyes ninguno como tú en todos tus días.14Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis leyes, así como anduvo David tu padre, lentonces prolongaré tus días.15Y despertó Salomón; y he aquí que era un sueño. En seguida regresó a Jerusalén, y se presentó delante del Arca del Pacto del Señor; y ofreció holocaustos, y sacrificó ofrendas pacíficas; e hizo banquete para todos sus siervos.16Vinieron entonces al rey dos mujeres rameras, y se presentaron delante de él.17Y dijo la una mujer: ¡Óyeme, señor mío! Yo y esta mujer habitamos en una misma casa; y dí a luz un niño, con ella en la casa.18Y aconteció que al tercer día después de mi parto, esta mujer también dió a luz: y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba con nosotras en casa, sino que tan sólo nosotras dos estábamos en la casa.19Y murió el niño de esta mujer una noche, por haberse ella recostado sobre él.20Por lo cual se levantó ella a media noche, y quitó mi niño de junto a mi lado, estando dormida tu sierva, y se le puso en su mismo seno, en tanto que a su hijo muerto le puso en mi seno.21Y cuando me levanté por la mañana a dar el pecho a mi hijo, ¡he aquí que estaba muerto! Mas cuando yo le consideré bien, por la mañana, he aquí que no era mi hijo que yo había dado a luz.22A lo que respondió la otra mujer: ¡No, sino que mi hijo es el vivo, y tu hijo el muerto! mientras que aquélla decía: ¡No, sino que tu hijo es el muerto, y mi hijo el vivo! De esta suerte, pues, altercaban ellas delante del rey.23Entonces dijo el rey: Ésta dice: Mi hijo es el vivo, y tu hijo el muerto; y aquélla dice: No, sino que tu hijo es el muerto, y mi hijo el vivo.24Con lo cual dijo el rey: Traedme una espada: y trajeron la espada delante del rey.25Luego dijo el rey: Partid al niño vivo en dos, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra.26En esto la mujer cuyo era el niño vivo, habló al rey m(porque ardían sus entrañas a causa de su hijo), y dijo: ¡Óyeme, señor mío! ¡Dadle a ella el niño vivo, y de ninguna manera le matéis! en tanto que aquella decía: ¡No ha de ser ni mío ni tuyo; sino partidle!27Entonces respondió el rey y dijo: ¡Dad a aquélla el niño vivo! que de ninguna manera le habéis de matar; ella es su madre.28Y oyó todo Israel el fallo que había dado el rey; y temieron todos delante de él: porque vieron que había en él sabiduría de Dios, para administrar justicia.
- a2 Cr. 8:11.
- bSal. 31:23; Ro. 8:28; 1 Co. 8:3.
- c2 R. 20:3; Sal. 15:2.
- d1 Cr. 29:1; Nm. 27:17.
- e1 Cr. 29:1; Gn. 15:5.
- fHeb. oyente.
- g2 Cr. 1:10; Pr. 2:3-9; Stg. 1:5; Sal. 72:1, 2.
- hHe. 5:14.
- iStg. 4:3.
- jCp. 4:29; 1 Jn. 5:14, 15; Ec. 1:16.
- kMt. 6:33; Ef. 3:20; Pr. 3:16.
- lSal. 91:16; Pr. 3:2.
- mGn. 43:30; Is. 49:15; Jer. 31:20; Os. 11:8.