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Pláticas sencillas
¿Quién es el más grande?
“Maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres” (v. 43-44). Los discípulos no comprendieron estas palabras pero temieron preguntarle. Jesús acababa de manifestar su poder a favor de un endemoniado.
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Pláticas sencillas
Recompensas en la resurrección
Después de haber hablado a los convidados, Jesús se dirigió a su anfitrión para enseñarle, y enseñarnos a nosotros, de qué manera debemos actuar. Contrariamente al mundo que apunta a una ventaja inmediata, el cristiano debe obrar con vistas al cielo donde tendrá la retribución por su conducta.
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Pláticas sencillas
Simeón
Los padres de Jesús, como se los llama a María y a José en el versículo 27, cumplieron con todo lo que la ley exigía. A su debido tiempo, llevaron a Jesús al templo en Jerusalén para presentarlo al Señor. Jehová tenía un derecho especial sobre todos los primogénitos de Israel (Éxodo 13:2), porque los había guardado en Egipto cuando destruyó a los primogénitos de los egipcios.
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Pláticas sencillas
Todos son merecedores del juicio
Le relataron a Jesús un hecho escandaloso que había ocurrido en Galilea. Pilato había mezclado la sangre de unos galileos con los sacrificios de ellos. Según lo que los judíos sabían del gobierno de Dios, aquellos que habían pecado recibían, tarde o temprano, su debido castigo. Por tanto, juzgaban a esos Galileos culpables de actos que trajeron sobre ellos el castigo de Pilato.
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Pláticas sencillas
Últimas advertencias
Por medio de una parábola, el Señor anunció a sus discípulos lo que sucedería antes de su venida. También les dio algunas exhortaciones en cuanto a su andar hasta aquel momento. “Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.
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Pláticas sencillas
Últimas instrucciones a los discípulos
Mientras Jesús estuvo entre los suyos, se había ocupado de ellos, los había protegido y guardado, proveyendo a sus necesidades. En adelante, todo iba a cambiar para ellos. El Señor los iba a dejar, quedarían solos en un mundo que le daría muerte. En esas circunstancias, tendrían que hacer frente a las dificultades del camino.
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Pláticas sencillas
Un hombre muy rico
No solo las pretensiones humanas o los pecados groseros pueden impedir al hombre alcanzar la salvación, y seguir al Señor. El siguiente relato nos muestra que los bienes terrenales que poseía un hombre intachable, constituyeron un gran obstáculo para su salvación.
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Pláticas sencillas
Un hombre necio
Un hombre vino a rogarle a Jesús que interviniera entre él y su hermano para repartir una herencia. Jesús le respondió: “Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?” (v. 14). El Señor no estaba en el mundo para favorecer a los hombres en sus intereses materiales. Había venido a abrir el camino hacia el cielo a los pecadores esparcidos en un mundo arruinado y perdido.
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Pláticas sencillas
Una curación en día de reposo
Otro sábado Jesús entró en una sinagoga y enseñaba. Había allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Los escribas y fariseos, que siempre buscaban la manera de encontrar a Jesús en falta, lo observaban para ver si sanaría a este lisiado, y así tener de qué acusarlo. Ya los vemos decididos a deshacerse de Jesús a quien no podían soportar.
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Pláticas sencillas
Una niña que “dormía” y una mujer enferma
Al otro lado del lago, Jesús fue recibido por una multitud que lo esperaba. Un jefe de la sinagoga llamado Jairo, llegó a él y se echó a sus pies suplicándole que viniera a su casa porque su hija única de unos doce años, se estaba muriendo. Jesús complació los deseos de este padre afligido y fue con él, acompañado por la gente que lo oprimía.
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Pláticas sencillas
Una pecadora en casa de Simón
Un fariseo invitó a Jesús a comer en su casa. Mientras estaba a la mesa, “una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume (v. 37-38).
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