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Pláticas sencillas

La curación de un paralítico

Un día, Jesús enseñaba a una gran multitud entre la que se encontraban unos fariseos y doctores de la ley. Habían llegado de todos los pueblos de Galilea, de Judea y de Jerusalén, “y el poder del Señor estaba con él para sanar” (v. 17). Aquí la palabra “Señor” se refiere a Dios. ¡Qué privilegio para estos hombres tener en medio de ellos el poder de Dios para sanarlos!

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La curación de una lisiada

El Señor continuó su obra de gracia a pesar de todo. Trabajó mientras duraba el día (Juan 9:4). Un día de reposo, Jesús enseñaba en la sinagoga, y vio allí a “una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad.

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La curación del siervo de un centurión

Después de estas enseñanzas, Jesús entró en Capernaum donde vivía un centurión cuyo siervo estaba enfermo. Al oír hablar de Jesús, el centurión mandó a unos ancianos de los judíos para que le rogaran que viniera a sanar a su siervo al cual amaba mucho. Los mensajeros dijeron a Jesús: “Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga” (v. 4).

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La dedicatoria a Teófilo

Lucas se interesó por Teófilo (cuyo nombre quiere decir, amigo de Dios), y quería que conociera bien la verdad de las cosas en las cuales había sido enseñado. Lucas siguió con exactitud toda la historia de Jesús desde el principio, y la escribió por orden.

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La elección de un lugar

Mientras comían, Jesús observó cómo los convidados escogían los primeros lugares. Entonces se dirigió a ellos diciendo: “Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a este; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar” (v.

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La generación perversa demanda una señal

Al ver a las multitudes amontonarse alrededor de él, Jesús contestó a los que le pedían una señal en el versículo 16: “Esta generación es mala; demanda señal, pero señal no le será dada, sino la señal de Jonás” (v. 29). Mateo 12:40 presenta a Jonás como señal de la muerte de Jesús.

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La higuera inútil

El Señor presenta el estado del pueblo judío por medio de la parábola de la higuera que un hombre había plantado en su viña y que no daba fruto. En las Escrituras, se toma frecuentemente a la higuera como figura de Israel (ver Joel 1:7; Mateo 21:18-22; Marcos 11:13). También es representado por una vid (Salmo 80:8-11; Isaías 5:1-7; Joel 1:7), y por un olivo (Jeremías 11:16; Romanos 11:24).

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La incredulidad de Zacarías

Después de haber pasado mucho tiempo suplicando al Señor que le diera un hijo, Zacarías no podía creer el mensaje que el ángel le dio. Preguntó como podrían tener un hijo si él y su mujer ya eran ancianos. Olvidaba que aquel a quien había orado era Dios, y que Él cumple lo que quiere, sin importar los medios que desea emplear.

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La invitación a la gran cena

Uno de los invitados, después de oír lo que Jesús enseñaba, le dijo: “Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios” (v. 15). En efecto, será dichoso; pero Jesús respondió mostrando cómo los hombres, y en primer lugar los judíos, respondieron a la invitación divina. Comparó a Dios con un hombre que hizo una gran cena y convidó a mucha gente.

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La lámpara del cuerpo

Después de haber dicho que en medio de los judíos había uno más grande que Jonás y que Salomón, Jesús añadió: “Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz” (v. 33). Esta lámpara era el Señor que había venido al mundo; él era “la luz del mundo” (Juan 8:12).

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La levadura de los fariseos

A pesar de la oposición de los jefes del pueblo, las multitudes se reunían por miles en torno a Jesús, a tal punto que los asistentes se atropellaban unos a otros. Sin embargo, es a sus discípulos a quienes Jesús se dirige. Les da las instrucciones necesarias para el cumplimiento de su servicio después de su partida.

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La madre y los hermanos de Jesús

La madre y los hermanos de Jesús según la carne, son figura del pueblo judío con el cual el Señor ya no podía tener relación. En los versículos anteriores, Jesús mostró cómo trabajaba para obtener un pueblo que llevara fruto. Ahora reconoce como su familia solo a aquellos que escuchan su palabra y la ponen en práctica.

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La moneda perdida

La parábola de la mujer que buscaba una moneda que se le había perdido, presenta una vez más el amor de Dios para con el pecador perdido. Aquí otra vez, toda la actividad proviene del que busca, pues es imposible que una moneda vuelva sola de su extravío.

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La muerte de Jesús

A diferencia de Mateo y de Marcos, Lucas destaca más los sufrimientos del Señor en Getsemaní que los que sufrió en el Gólgota. Describe los terrores que la cercanía de la muerte producía sobre el Hombre perfecto, su dependencia en el sufrimiento, su sumisión a la voluntad del Padre para recibir de su mano la copa de dolores.

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La negación de Pedro

Quienes prendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía de lejos, queriendo mantener la promesa que había hecho en el versículo 33. ¡Pobre Pedro! Hubiera sido mejor esconderse y ponerse a orar, como Jesús le había dicho. En el patio ardía un fuego, pues hacía frío (Juan 18:18), y Pedro se encontró entre aquellos que se calentaban.

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La niñez de Jesús

Dios no ha considerado oportuno relatarnos la historia de la vida de Jesús desde su nacimiento hasta el comienzo de su ministerio.

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La ofrenda de la viuda

Entre quienes echaban sus ofrendas en el templo, Jesús vio junto a los hombres ricos a una pobre viuda que echaba dos blancas. Esta era la moneda más pequeña que existía en ese tiempo. Comparada con las ofrendas de los ricos, era muy poca cosa. Pero el Señor juzga nuestras ofrendas por su valor moral, no material. Jesús dijo: “En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos.

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La oveja perdida

Los religiosos y los jefes de los judíos habían despreciado la gracia, por lo tanto, ella busca a los pecadores. Este capítulo comienza con este tema: “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come” (v. 1-2).

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La parábola de los labradores de la viña

En esta parábola, Jesús presentó la manera en que Dios obró con su pueblo desde su origen, y los resultados que había obtenido. Aquí se destaca la culpabilidad de los labradores de la viña, los responsables del pueblo.

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La parábola del sembrador

En este evangelio, la parábola del sembrador es relatada en los mismos términos que en el de Marcos, pero no está seguida por las parábolas del reino como en Mateo.

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La Pascua

El momento de preparar la pascua había llegado. Como Jesús no tenía una casa en la ciudad para celebrar esta ceremonia, en su divina sabiduría indicó a los suyos el lugar donde debían ir. A la entrada de Jerusalén encontrarían a un hombre que llevaba un cántaro de agua.

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La predicación de Juan el Bautista

Cerca de treinta años habían transcurrido desde el nacimiento de Juan el Bautista. Tiberio había sucedido a Augusto como emperador.

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La pregunta acerca del tributo

Los sacerdotes y los escribas, implacables en su odio contra Jesús, querían a toda costa encontrarlo en alguna falta. Entonces enviaron espías para sorprenderlo en sus palabras y entregarlo a los magistrados romanos.

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La pregunta sobre la resurrección

Cuando el Señor hubo silenciado a los sacerdotes y los escribas, les llegó el turno a los saduceos, razonadores incrédulos de aquel entonces, que negaban la resurrección. Ellos hicieron a Jesús una pregunta, aparentemente sutil como había sido la del tributo; pero con ella pusieron en evidencia su ignorancia e incredulidad.

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