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Pláticas sencillas
El mayordomo infiel
Por medio de la parábola del mayordomo infiel, Jesús enseñó de qué manera debemos considerar los bienes de la tierra, y cómo debemos usarlos en este tiempo de la gracia, en el cual las bendiciones dadas al creyente son celestiales y eternas.
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El nacimiento de Jesús
El profeta Miqueas había anunciado que el nacimiento de Jesús sería en Belén (cap. 5:2): “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”. En el capítulo anterior vimos que María vivía en Nazaret, y no en Belén.
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El nacimiento de Juan el Bautista
Nació el hijo prometido a Zacarías. Sus vecinos y parientes, al saber que el Señor había “engrandecido su misericordia” (v. 58) para con Elisabet, se alegraron con ella. Se ve que había vivido retirada, disfrutando sola, salvo con María, del favor que Dios le había concedido en su edad avanzada.
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El reino de Dios
Los fariseos le preguntaron a Jesús cuándo vendría el reino de Dios. Entonces él contestó: “El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros” (v. 20-21).
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El reino de Dios
Cuando Israel dejara de existir, sería reemplazado por el reino de Dios. Este reino se establecería por medio de la predicación y la recepción del evangelio y no con poder y gloria, como acontecerá cuando Jesús venga como Hijo del Hombre. Hasta ese entonces, estando ausente el rey, el reino tomará cierta forma.
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El rico y Lázaro
En la enseñanza de la parábola del administrador infiel vimos que, bajo la gracia, el favor de Dios no se manifiesta por medio de bendiciones materiales. Por el contrario, hay que servirse de los bienes que se poseen para hacer tesoros en el cielo. Así pues, bajo la gracia, tenemos que abandonar los beneficios visibles por los que no se ven (ver también cap. 12:33).
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El samaritano que iba de camino
Los versículos que preceden nos muestran que las bendiciones celestiales reemplazan a las terrenales que el hombre no puede obtener sobre la base de su responsabilidad. De igual forma, la parábola del samaritano indica cómo la gracia alcanzó al hombre pecador incapaz de responder a las exigencias de la ley de Dios.
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El Señor abandona la casa de Israel
Unos fariseos vinieron a advertirle a Jesús que Herodes quería matarlo. ¿Era esto benevolencia de su parte? El Señor tomó esta oportunidad para advertir a los judíos de la situación en la que iba a dejarlos, ya que todo lo que Dios había hecho por ellos, desde los profetas hasta Cristo había sido en vano.
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El servicio y sus consecuencias
En los versículos anteriores, Jesús mostró a sus discípulos de qué manera debían esperarlo. Luego, Pedro preguntó: “Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?” (v. 41). Entonces, Jesús les mostró la responsabilidad de aquellos a quienes ha confiado un servicio durante su ausencia.
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En el camino a Emaús
Aquel día, dos discípulos, uno de los cuales se llamaba Cleofas, se dirigían a Emaús. Este pueblo se encontraba a sesenta estadios (unos 11 kilómetros) de Jerusalén. Yendo de camino, conversaban sobre lo que acababa de suceder en Jerusalén. Sin duda, estos acontecimientos llenaban el corazón de todos los que estaban apegados a Jesús.
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En el camino a Jerusalén
En ese momento, Jesús emprendió su último viaje hacia Jerusalén, donde iba a morir. Consciente de lo que le esperaba en la ciudad que mata a los profetas, y apedrea a los que le son enviados (cap. 13:34), se dirigió resueltamente hacia ella.
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En pos de Jesús
Mientras Jesús caminaba con sus discípulos, un hombre que deseaba seguirlo se acercó y le dijo: “Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (v. 57-58). No se puede seguir a Jesús ignorando el principio de renunciamiento que lo caracterizó.
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Enseñanza de cómo perdonar
Jesús dijo que en este mundo donde domina el mal, es imposible que no haya ocasiones de tropiezo. Un tropiezo es un acto por el cual se arrastra hacia el mal a alguien que quiere hacer el bien. Es particularmente grave si se trata de personas jóvenes en la fe. Satanás procura hacer esto por diversos medios.
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Enseñanza para orar
Aquí volvemos a encontrar a Jesús orando. Cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
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Exhortación a orar siempre
Estos versículos se relacionan con los anteriores, donde vimos al Hijo del Hombre viniendo del cielo para librar a los suyos y juzgar a los malvados.
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Hacer lo que se nos manda
En la esfera de la gracia, de la fe y de la obediencia, a veces el corazón tiene cierta dificultad de actuar bajo esos principios. Esto era extraño, en particular para los discípulos que hasta entonces habían vivido bajo la ley.
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Jesús ante el concilio
En casa del sumo sacerdote, Jesús fue el blanco de la maldad de los hombres, quienes se aprovecharon de su entrega voluntaria para burlarse de él, insultarlo y herirlo. Sabiendo quien era y la obra que iba a cumplir, soportó esos maltratos con calma y dignidad. Sentía divinamente todos esos ultrajes con un corazón humano, y en una perfecta comunión con su Padre (v. 63-65).
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Jesús ante Herodes
Herodes se alegró mucho al ver a Jesús, porque muchas veces había oído hablar de él, pero nunca lo había visto. Vemos que Jesús cumplía su ministerio de amor entre los pobres del rebaño, sin querer llamar la atención. Era Aquel de quien Isaías había dicho: “No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles” (Isaías 42:2; ver también Lucas 4:18-19).
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Jesús ante Pilato
Levantándose los judíos que se habían reunido en el concilio, llevaron a Jesús ante Pilato. Allí no lo acusaron por haber dicho que era Hijo de Dios, pues esto no le habría importado a ese pagano. En cambio, denunciaron hechos que, de haberlos probado, podían tener influencia sobre el representante del poder romano.
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Jesús anuncia la negación de Pedro
Jesús advirtió a Simón Pedro que Satanás los había pedido para zarandearlos como cuando se pasa el trigo por la criba. Este lenguaje figurado significa hacer pasar por una prueba penosa. Jesús se dirigió a Pedro, porque sabía que, entre todos los discípulos, este era quien corría los mayores riesgos por la confianza que tenía en sí mismo.
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Jesús anuncia su muerte
Jesús se valía de su poder para cumplir las obras que su Padre le había encomendado, pero permaneciendo siempre como el Hombre dependiente de Dios. En este evangelio, en el cual se manifiesta plenamente su carácter de Hijo del Hombre, lo vemos en oración siete veces, dos de las cuales están en este capítulo (v. 18, 28).
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Jesús anuncia sus sufrimientos y su muerte
A partir del versículo 51 del capítulo 9, vemos a Jesús de camino hacia Jerusalén. En este momento estaba muy cerca, había llegado a los contornos de Jericó. En el camino, tomó aparte a los doce, y les dijo: “He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre.
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Jesús bendice a los niños
Traían los niños a Jesús para que los tocara; pero los discípulos reprendieron a quienes lo hacían.
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Jesús calma la tempestad
“Entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban” (v. 22-23).
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