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Pláticas sencillas
Lucas: Cap. 11 - Palabras reveladoras del Señor Jesús frente a la oposición
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El juicio de las formas religiosas
Jesús estaba aun hablando cuando un fariseo le rogó que comiera con él. Al sentarse a la mesa, su anfitrión se asombró porque Jesús no se lavó las manos antes de comer. Aquella gente atribuía mucha importancia a la observación de todos los detalles relacionados a las ceremonias religiosas. Eso les daba una apariencia de gran santidad mientras que su conducta hacia Dios no era la correcta.
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Enseñanza para orar
Aquí volvemos a encontrar a Jesús orando. Cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
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La curación de un endemoniado mudo
Jesús echó fuera un demonio que impedía hablar a su víctima. El hombre caído bajo el poder de Satanás es moralmente mudo en cuanto a lo divino; esto le es desconocido. Solamente el conocimiento de Aquel que ha venido para liberarlo de ese poder diabólico, permite al hombre abrir su boca para expresarse según la voluntad de Dios, y alabarlo. Este milagro asombró a la gente.
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La generación perversa demanda una señal
Al ver a las multitudes amontonarse alrededor de él, Jesús contestó a los que le pedían una señal en el versículo 16: “Esta generación es mala; demanda señal, pero señal no le será dada, sino la señal de Jonás” (v. 29). Mateo 12:40 presenta a Jonás como señal de la muerte de Jesús.
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La lámpara del cuerpo
Después de haber dicho que en medio de los judíos había uno más grande que Jonás y que Salomón, Jesús añadió: “Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz” (v. 33). Esta lámpara era el Señor que había venido al mundo; él era “la luz del mundo” (Juan 8:12).
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