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Pláticas sencillas

Lucas: Cap. 7 - Cristo hace milagros y elogia a Juan el Bautista

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Jesús da testimonio de Juan

Si Jesús dirigió a Juan palabras que debían alcanzar su conciencia y fortalecer su fe, después se volvió a la gente y dio testimonio de él llamándole “el mayor de los profetas”. Luego mostró la culpabilidad de esa generación a quien las exhortaciones de Juan no conmovían como tampoco lo había hecho la gracia de Jesús.

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La curación del siervo de un centurión

Después de estas enseñanzas, Jesús entró en Capernaum donde vivía un centurión cuyo siervo estaba enfermo. Al oír hablar de Jesús, el centurión mandó a unos ancianos de los judíos para que le rogaran que viniera a sanar a su siervo al cual amaba mucho. Los mensajeros dijeron a Jesús: “Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga” (v. 4).

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La prueba de Juan el Bautista

Juan había sido puesto en la cárcel. Y Jesús, de quien había dado testimonio y a quien había anunciado al pueblo como el Mesías prometido, no parecía preocuparse por él. Lo dejó en cautiverio, en lugar de librarle por ese poder del cual Juan oía hablar. Podemos comprender la prueba a la que estaba sometido este santo hombre de Dios.

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La resurrección del hijo de la viuda de Naín

Después de preservar de la muerte al siervo de un gentil, Jesús también iba a resucitar al hijo de una viuda, tal como en el futuro, sacará al pueblo judío del estado de muerte en el que se encuentra ahora. Jesús iba a la ciudad de Naín seguido por sus discípulos y por una gran multitud.

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Una pecadora en casa de Simón

Un fariseo invitó a Jesús a comer en su casa. Mientras estaba a la mesa, “una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume (v. 37-38).

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