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Pláticas sencillas
Jesús calma la tempestad
“Entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban” (v. 22-23).
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Pláticas sencillas
Jesús da testimonio de Juan
Si Jesús dirigió a Juan palabras que debían alcanzar su conciencia y fortalecer su fe, después se volvió a la gente y dio testimonio de él llamándole “el mayor de los profetas”. Luego mostró la culpabilidad de esa generación a quien las exhortaciones de Juan no conmovían como tampoco lo había hecho la gracia de Jesús.
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Pláticas sencillas
Jesús en Capernaum
Volvemos a encontrar a Jesús en Capernaum un sábado; allí también enseñaba. Los que lo oían se asombraban de Su doctrina, porque Él hablaba con autoridad. En efecto, ¿qué palabra podía tener una autoridad semejante a la Palabra de Dios, presentada por Dios el Hijo, Aquel que era “La Palabra” (Juan 1:1), Dios manifestado en carne? Quisieran o no, los hombres tenían que reconocer esta autoridad.
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Pláticas sencillas
Jesús en casa de Simón y en el desierto
Al salir de la sinagoga, Jesús se dirigió a la casa de Simón cuya suegra estaba afectada por una gran fiebre, “y le rogaron por ella. E inclinándose hacia ella, reprendió a la fiebre; y la fiebre la dejó” (v. 38-39). Al instante la mujer, curada, se levantó y sirvió a Jesús y a los que estaban con Él.
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Pláticas sencillas
Jesús en Emaús
Los dos discípulos, junto a su admirable compañero de ruta, se acercaban al pueblo hacia donde se dirigían. Entonces Jesús hizo como que iba más lejos. “Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos” (v. 29). El corazón de los dos viajeros sentía un misterioso atractivo por ese forastero.
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Pláticas sencillas
Jesús en Nazaret
Después de haber llevado a Jesús al desierto, donde encontró al tentador, el Espíritu lo volvió a llevar a Galilea para que empezara allí su servicio de amor para con los hombres. El hombre obediente, vencedor del enemigo, en quien nada limitaba el poder del Espíritu Santo, estaba listo para cumplir los pensamientos de Dios con respecto a su pueblo terrenal, como hacia todos los hombres.
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Pláticas sencillas
Jesús entra como Rey
“Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén” (v. 28). Jesús se encaminó con los suyos, abriendo la marcha hacia «la ciudad que mata a los profetas». Él sabía lo que le esperaba, pero por un instante, entraría con los honores reales. Antes de ser rechazado definitivamente, debía ser presentado como el Hijo de David, para que en los días del juicio el pueblo no tenga excusa.
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Pláticas sencillas
Jesús explica las Escrituras
Jesús dijo a sus discípulos: “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (v. 25-27).
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Pláticas sencillas
Jesús llora por Jerusalén
“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.
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Pláticas sencillas
Jesús otra vez ante Pilato
Pilato reunió a los principales sacerdotes, a los gobernantes y al pueblo, y les dijo: “Me habéis presentado a este como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis. Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre.
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Pláticas sencillas
Jesús purifica el templo
Jesús entró en el templo y comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban, diciendo: “Escrito está: Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (v. 46; ver Isaías 56:7; Jeremías 7:11). Cuando el Señor venga para reinar, purificará el templo, lugar de adoración a Jehová, que estará mancillado por los judíos apóstatas y las naciones.
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Pláticas sencillas
Jesús se aparece a sus discípulos reunidos
Mientras Cleofas y su acompañante contaban a los discípulos cómo Jesús se les había manifestado, el Señor mismo se puso en medio de ellos y les dijo: “Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?
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Jesús y Zaqueo
Al pasar Jesús por Jericó, un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los publicanos, deseaba verlo. Pero no podía a causa de la multitud y porque era muy pequeño de estatura. Entonces se adelantó corriendo, y se subió a un sicómoro para ver al Señor cuando pasara.
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Pláticas sencillas
Judas se compromete a entregar al Maestro
Se aproximaba la pascua, llamada también la “fiesta de los panes sin levadura” (v. 1, 7). Esta fiesta, figura de la muerte de Cristo, fue la última que tuvo lugar según el pensamiento de Dios. El sacrificio que tipificaba se iba a cumplir inmediatamente después.
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La angustia de Jesús en Getsemaní
Jesús se fue, como acostumbraba, al monte de los Olivos. Sus discípulos lo siguieron, sin tener idea de lo que iban a presenciar esa misma noche. Pero el Señor lo sabía. Sabía por qué había venido a este mundo. Estaba en Jerusalén pues había afirmado su rostro para ir en esa dirección (Lucas 9:51). Habiendo acabado su servicio público, tenía la muerte ante sí. ¡Y qué muerte!
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La anunciación del Mesías a los pastores
Por lo que se refiere al mundo, el nacimiento de Jesús tuvo lugar en la más completa oscuridad. En cambio, para el cielo no sucedió del mismo modo. Dios no podía dejar un acontecimiento tan importante para él, sin darlo a conocer. Pero, ¿a quién escogería para revelar este hecho maravilloso y decir lo que el cielo pensaba de ello?
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La ascensión del Señor
Jesús condujo a sus discípulos a Betania, y allí “alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo” (v. 50-51). A menudo Jesús se retiraba a Betania, sobre todo en los últimos días de su ministerio, cuando ya no pasaba sus noches en Jerusalén. Allí gozaba de la comunión de María, Marta y Lázaro.
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La buena parte
Seguimos a Jesús a la casa de Marta, en Betania. Marta trabajaba con mucha abnegación para recibir bien al Señor que iba acompañado por sus discípulos. Por cierto, no era poca cosa ese servicio, y nadie sabía apreciarlo mejor que Jesús. María, la hermana de Marta, tomaba a pecho tanto como ella el bienestar del amado huésped, pero manifestaba su apego a Jesús aún de otra manera.
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La Cena
La muerte de Cristo iba a poner fin a la celebración de la pascua, y al período al que pertenecía. La pascua era un tipo de su muerte. Ahora Jesús introducía algo que haría que los suyos recordaran su muerte esperando que él vuelva. Todo lo relacionado a la pascua terminaba allí.
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La confianza en Dios
El corazón del hombre no debe ser apartado de Dios por las riquezas, pero tampoco por las preocupaciones de la vida diaria. Jesús dijo a sus discípulos: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido” (v. 22-23). La confianza en Dios el Padre debe quitar del corazón toda inquietud.
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La conversión de un ladrón
Herodes, Pilato, los gobernantes, la multitud y los soldados romanos, cada cual a su turno habían lanzado sus flechas de desprecio y de odio al corazón de la santa víctima. Pero todavía faltaba que un representante de los ladrones se uniese a todos ellos para completar este acuerdo satánico.
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La crucifixión de Jesús
Cuando llevaban a Jesús, un cireneo llamado Simón pasaba por allí y le ordenaron que cargase la cruz sobre la cual el Señor iba a ser clavado. ¿Por qué hicieron esto? No lo sabemos. Se ha pensado que Jesús estaba demasiado débil para llevar él mismo la cruz hasta el fin. Pero es mejor no hacer suposiciones, y sobre todo en lo que se refiere a su dignidad.
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La curación de un endemoniado mudo
Jesús echó fuera un demonio que impedía hablar a su víctima. El hombre caído bajo el poder de Satanás es moralmente mudo en cuanto a lo divino; esto le es desconocido. Solamente el conocimiento de Aquel que ha venido para liberarlo de ese poder diabólico, permite al hombre abrir su boca para expresarse según la voluntad de Dios, y alabarlo. Este milagro asombró a la gente.
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La curación de un hombre hidrópico
Uno de los fariseos invitó a Jesús a comer en su casa en un día de reposo, en compañía de doctores de la ley y otros fariseos que lo observaban. Estos desdichados buscaban constantemente una manera de encontrar a Jesús en falta. Pero en su ceguera, ignoraban que tenían ante sí a Aquel que veía todo lo que ocurría en su malvado corazón. Y era él quien finalmente los pondría a prueba.
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